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La debida diligencia no consiste en pedir documentos.

La debida diligencia no consiste en pedir documentos.

𝗟𝗮 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗶𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗱𝗶𝗿 𝗱𝗼𝗰𝘂𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀. 𝗖𝗼𝗻𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗼𝘀. Imagine que una empresa solicita a un nuevo cliente: • Certificado de existencia y representación legal,…

𝗟𝗮 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗶𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗽𝗲𝗱𝗶𝗿 𝗱𝗼𝗰𝘂𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀. 𝗖𝗼𝗻𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗻𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗰𝗼𝗻 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗼𝘀.

Imagine que una empresa solicita a un nuevo cliente:

• Certificado de existencia y representación legal, documento de identidad, registro tributario, composición accionaria, estados financieros, declaración sobre el origen de los recursos.

El cliente entrega todos los documentos y alguien marca cada requisito como “recibido”.

¿Eso significa que la debida diligencia está completa?

No necesariamente. Recibir documentos es apenas una parte del proceso. La debida diligencia exige recopilar información, verificarla, analizarla y determinar si lo informado es razonable y coherente.

Dicho de manera sencilla, 𝗡𝗼 𝗯𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝘀𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗱𝗶𝗰𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲. 𝗧𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗲𝘀, 𝗾𝘂é 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝘆 𝗽𝗼𝗿 𝗾𝘂é 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝗿𝗲𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶ó𝗻.

La debida diligencia busca responder preguntas como:

• ¿Quién es realmente el cliente?

• ¿Quién actúa en su nombre?

• ¿Quién posee o controla la empresa?

• ¿Quién es el beneficiario final?

• ¿Cuál es su actividad económica?

• ¿Cuál es el propósito de la relación comercial?

• ¿De dónde provienen sus recursos?

• ¿Qué tipo de operaciones realizará?

• ¿El volumen de sus transacciones es coherente con su perfil?

• ¿Existen sanciones, antecedentes, señales de alerta o factores de mayor riesgo?

Estas preguntas permiten construir un perfil inicial y determinar qué nivel de conocimiento, verificación y monitoreo requiere la relación.

Por ejemplo, una empresa constituida recientemente que espera movilizar grandes cantidades de dinero, pero no cuenta con empleados, infraestructura ni experiencia verificable, merece un análisis más profundo. También debería llamar la atención una compañía cuya actividad económica declarada no guarda relación con las operaciones que pretende realizar.

La existencia de una inconsistencia no significa automáticamente que exista lavado de activos.

Significa que la organización debe preguntar, verificar y documentar antes de continuar. La debida diligencia también debe permitir identificar al beneficiario final.

Esto es especialmente importante porque la persona que aparece firmando un contrato o registrada como representante legal no siempre es quien realmente posee, controla o se beneficia de la operación. En estructuras societarias complejas, fideicomisos, sociedades extranjeras o cadenas de propiedad, identificar al beneficiario final puede requerir revisar varios niveles hasta llegar a las personas naturales que ejercen el control.

Dependiendo del nivel de riesgo, pueden aplicarse diferentes medidas:

𝗗𝗲𝗯𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗶𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮: Puede utilizarse cuando el riesgo es menor y la regulación lo permite. Los controles se ajustan, pero no desaparecen.

𝗗𝗲𝗯𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗶𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗲𝘀𝘁á𝗻𝗱𝗮𝗿: Corresponde a las medidas habituales de identificación, verificación, conocimiento del propósito de la relación y monitoreo.

𝗗𝗲𝗯𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗶𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗻𝘀𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮: Se aplica cuando existe una mayor exposición al riesgo. Puede incluir información adicional, verificación más profunda del origen de los fondos, aprobación de un nivel superior y monitoreo más frecuente.

Pero la debida diligencia no termina cuando el cliente es vinculado.

Una empresa puede cambiar de accionistas, abrir operaciones en nuevos países, modificar su actividad económica o comenzar a realizar transacciones diferentes a las inicialmente previstas.

Por eso, la información debe actualizarse y el comportamiento del cliente debe compararse permanentemente con el perfil conocido.

𝗖𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿 𝗮𝗹 𝗰𝗹𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗳𝗼𝘁𝗼𝗴𝗿𝗮𝗳í𝗮 𝘁𝗼𝗺𝗮𝗱𝗮 𝗲𝗹 𝗱í𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗻𝗰𝘂𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻.

Es un proceso continuo. Una debida diligencia efectiva no se mide por la cantidad de documentos archivados, sino por la capacidad de la organización para comprender la relación, detectar inconsistencias y tomar decisiones informadas.

En la próxima publicación explicaré qué es el beneficiario final, por qué puede ser difícil identificarlo y qué riesgos aparecen cuando las estructuras de propiedad son complejas.

¿En su organización la debida diligencia permite conocer realmente al cliente o se limita a completar una lista de documentos?

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Retrato de Joany Alonso Guerrero Herrera
Joany Alonso Guerrero HerreraEspecialista en riesgos, cumplimiento, seguridad e inteligencia aplicada.
Desarrollado por Joany GuerreroConversemos en LinkedIn