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El Dorado volvió a operar. Las advertencias no desaparecieron.

Ilustración editorial de El Dorado con aviones en pista y torre de control, bajo el título El Dorado volvió a operar
Portada editorial conceptual. No es una fotografía de la falla del 4 de noviembre.

Cuando compramos un tiquete de avión, confiamos en que todo lo que hay detrás de ese vuelo funciona como debería. No pensamos en los radares, en los sistemas de comunicación, en los equipos que necesitan mantenimiento ni en las personas que permanecen frente a una pantalla vigilando que todo salga bien.

Simplemente confiamos.

El pasado 4 de noviembre, una falla en la visualización de la información radar del Centro de Control de Bogotá obligó a restringir operaciones aéreas. El resultado, según el Ministerio de Transporte, fue de 79 vuelos cancelados y 97 demorados.

Seguramente hubo pasajeros molestos, compromisos que no pudieron cumplirse y pérdidas económicas. Pero prefiero quedarme con algo positivo: ante las dificultades técnicas, se tomaron medidas para preservar la seguridad de las operaciones.

Prefiero llegar tarde que no llegar.

Sin embargo, mientras leía las noticias sobre lo sucedido, encontré un comunicado de la Procuraduría que me llamó mucho la atención.

El organismo venía advirtiendo problemas relacionados con la infraestructura de navegación aérea del país. En su comunicación del 5 de noviembre mencionó que, de 14 sistemas radar instalados, ocho estaban fuera de servicio y dos presentaban afectaciones. También habló de equipos obsoletos, dificultades para conseguir repuestos y problemas de mantenimiento.

Aclaro algo: eso no significa que esas condiciones hayan causado directamente la falla del 4 de noviembre. Para afirmarlo necesitamos conocer los resultados de una investigación técnica.

Pero conocer esos antecedentes me hizo pensar en situaciones que también encontramos en las empresas.

Y es que tenemos una costumbre bastante peligrosa: acostumbrarnos a que las cosas funcionen mal.

Un sistema comienza a fallar de vez en cuando. Alguien informa la situación. Tecnología dice que necesita reemplazarse. Auditoría deja una observación. El responsable de riesgos lo incluye en su informe.

Todos saben lo que está pasando.

Pero el equipo sigue funcionando, aunque sea con dificultades, y aparecen otras prioridades. Entonces dejamos la solución para el siguiente presupuesto, para el próximo comité o para cuando haya recursos disponibles.

Y así pueden pasar meses, incluso años.

Hasta que un día deja de funcionar.

Ahí sí aparecen las reuniones extraordinarias, las solicitudes urgentes, los recursos que antes no estaban disponibles y las explicaciones que nadie quiere dar.

No estoy diciendo que eso haya ocurrido exactamente en El Dorado. Estoy hablando de una situación que cualquier persona que haya trabajado en operaciones, tecnología, seguridad o auditoría probablemente conoce.

A veces nos resulta más fácil justificar por qué no podemos hacer una inversión que explicar cuánto nos podría costar seguir aplazándola.

Y también entiendo la otra cara.

No todas las empresas tienen dinero para reemplazar sus equipos cada vez que aparece una recomendación. Los presupuestos son limitados. Hay nóminas que pagar, obligaciones que atender y necesidades que compiten por los mismos recursos.

Pero precisamente para eso debería servir una buena gestión de riesgos: para ayudar a decidir qué puede esperar y qué no.

Porque no es lo mismo aplazar el cambio de un computador que posponer el mantenimiento de un sistema del que depende toda una operación.

Algo que también debemos reconocer es que los planes de contingencia no evitan necesariamente las fallas. Su propósito es ayudarnos a responder cuando ocurren. En este caso, las restricciones al tráfico aéreo fueron parte de las medidas adoptadas para proteger la operación.

Eso también es gestionar riesgos.

Ahora bien, hay una diferencia entre responder bien a un incidente y haber hecho todo lo posible para prevenirlo.

El Gobierno anunció que avanza en la financiación de un programa cercano a un billón de pesos para modernizar la tecnología aeronáutica entre 2026 y 2030. Ojalá esos recursos se concreten y se traduzcan en mejoras que podamos comprobar.

Más allá de este caso, creo que vale la pena revisar cómo estamos tratando las advertencias dentro de nuestras propias organizaciones.

He visto que dedicamos mucho esfuerzo a identificar riesgos, construir matrices, redactar procedimientos y preparar informes. Todo eso tiene utilidad.

Pero el trabajo no termina cuando entregamos el documento.

Un riesgo que lleva demasiado tiempo sin atenderse debería preocuparnos más que una matriz perfectamente presentada.

Y cuando no podemos solucionar algo de inmediato, por lo menos debemos saber cómo vamos a operar si falla, quién está a cargo y qué tan preparados estamos para responder.

Porque las fallas tecnológicas pueden ocurrir incluso en organizaciones bien administradas. Lo que sí podemos evitar es que la costumbre, la falta de seguimiento o las decisiones aplazadas nos encuentren sin preparación.

Me gustaría conocer la experiencia de quienes trabajan en auditoría, seguridad, operaciones y gestión empresarial.

Cuando una empresa conoce un riesgo importante, pero sigue aplazando su solución, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de quien lo advirtió y dónde comienza la de quien decidió no actuar?

Creo que ahí tenemos una conversación que vale la pena dar.

Fuentes consultadas

Los datos y las advertencias institucionales se contrastaron con estas publicaciones. La causa técnica de la interrupción no se establece a partir de estos comunicados.

  1. Procuraduría General de la Nación. Advertencias sobre infraestructura de navegación aérea (5 de noviembre de 2026).
  2. Ministerio de Transporte. Balance de vuelos afectados y modernización aeronáutica (5 de noviembre de 2026).
  3. La República. Fallas en el control aéreo y alertas operacionales (noviembre de 2026).
Retrato de Joany Alonso Guerrero Herrera
Joany Alonso Guerrero HerreraGestión de riesgos, seguridad, auditoría y cumplimiento.
Desarrollado por Joany GuerreroConversemos en LinkedIn